Acceso al agua, como derecho humano: Para no dejar a nadie atrás

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

¿Qué sería del mundo sin agua? La respuesta más sencilla es que, seguramente, la vida no existiría en la Tierra o, en el mejor de los casos, sus habitantes lo pasarían muy mal. Los recursos naturales son valorados en ausencia, no cuando están disponibles. Y con el agua, así ocurre. Millones de personas en todo el mundo carecen del vital líquido. La Organización Mundial de la Salud, señala que 844 millones de personas no tienen acceso a agua potable en el planeta. Asimismo, 2 mil 300 millones de personas no tienen acceso a saneamiento. Por si fuera poco, se calcula que el 31% de las escuelas no tienen acceso a agua potable. La escasez de agua o bien la disponibilidad de agua no apta para el consumo humano, no es buena consejera: la misma fuente señala que cada minuto muere un recién nacido por infecciones que emanan de la falta de agua limpia.

Datos contundentes indican que, en la región de América Latina y el Caribe, existen 33 millones de personas que no tienen acceso a una fuente mejorada de agua potable, sin embargo, la región cuenta con el 31% de los recursos de agua dulce del mundo. Además, los datos recientes (a partir de 2015) indican que para 2030 la demanda de agua aumentará en un 40%.

De cara a estas cifras cabe preguntar: ¿de quién es la responsabilidad de proveer agua a las sociedades? ¿Del Estado? ¿Del sector privado? Los recursos hídricos están desigualmente distribuidos en el mundo. A ello se suma un acceso al vital líquido diferenciado, no sólo tomando en cuenta las disparidades imperantes entre los países en desarrollo y los desarrollados, sino también dentro de los propios países, donde hay comunidades a las que les está vedado contar con recursos hídricos para sus necesidades más elementales.

La Asamblea General de la ONU en su resolución 64/292 reconoció el derecho humano al agua y al saneamiento. Así el agua es un derecho humano y, por lo mismo, debe reunir las siguientes características, a saber:

El abastecimiento de agua por persona debe ser suficiente y continuo para el uso personal y doméstico.

El agua necesaria, tanto para el uso personal como doméstico, debe ser saludable, inocua, es decir, libre de microorganismos, sustancias químicas y peligros radiológicos que constituyan una amenaza para la salud humana.

El agua ha de presentar un color, olor y sabor aceptables para ambos usos, personal y doméstico. Asimismo, todas las instalaciones y servicios de agua deben ser culturalmente apropiados y sensibles al género, al ciclo de la vida y a las exigencias de privacidad.

Todo el mundo tiene derecho a unos servicios de agua y saneamiento accesibles físicamente dentro o situados cerca del hogar, de las instituciones académicas, en el lugar de trabajo o las instituciones de salud. De acuerdo con la OMS, la fuente de agua debe encontrarse a menos de un kilómetro del hogar y el tiempo de desplazamiento para la recogida no debería superar los 30 minutos.

El agua y los servicios e instalaciones de acceso al agua deben ser asequibles para todos. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sugiere que el costo del agua no debería superar el 3 por ciento de los ingresos del hogar.

En 2010, las Naciones Unidas reconocieron que “el derecho al agua potable y el saneamiento es un derecho humano esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos.” Por derecho humano al agua se entiende el derecho de toda persona, sin discriminación, a disponer de agua suficiente, segura, aceptable, accesible y asequible para uso personal y doméstico, y comprende el agua para el consumo, el saneamiento, la colada, la preparación de alimentos y la higiene personal y doméstica.

Para no dejar a nadie atrás, debemos concentrar nuestros esfuerzos en incluir a las personas que han sido marginadas o ignoradas. Los servicios de abastecimiento de agua deben satisfacer las necesidades de los grupos marginados y sus voces deben ser tenidas en cuenta en los procesos de adopción de decisiones. En los marcos normativos y jurídicos debe reconocerse el derecho de todos al agua, y debe proporcionarse financiación suficiente, de forma equitativa y efectiva, para los que más la necesitan.

Compartir

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on email
Share on print

Acerca del autor

Javier Valdivia

Javier Valdivia

Estudiante de Ingeniería en Recursos Naturales Renovables, en la Universidad Autónoma Chapingo. Participante del proyecto EULALinks Sense; en la Universidad de Extremadura (España), durante el período 2015-2016. Asistente de investigación en el Centro del Agua para América Latina y el Caribe, del Tecnológico de Monterrey.
Cerrar menú