El lado negativo de los Objetivos del Desarrollo Sostenible

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), también conocidos como Objetivos Mundiales, son un llamado universal a la adopción de medidas para poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad.
Estos 17 Objetivos se basan en los logros de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aunque incluyen nuevas esferas como el cambio climático, la desigualdad económica, la innovación, el consumo sostenible y la paz y la justicia, entre otras prioridades. Los Objetivos están interrelacionados, con frecuencia la clave del éxito de uno involucrará las cuestiones más frecuentemente vinculadas con otro.

Los ODS conllevan un espíritu de colaboración y pragmatismo para elegir las mejores opciones con el fin de mejorar la vida, de manera sostenible, para las generaciones futuras. Proporcionan orientaciones y metas claras para su adopción por todos los países en conformidad con sus propias prioridades y los desafíos ambientales del mundo en general.

Fuente: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/objetivos-de-desarrollo-sostenible/

Tras la aprobación de los ODS donde los países de la ONU respaldaron un acuerdo para luchar contra la pobreza y la desigualdad hasta 2030, muchas ONGs de todo el mundo han lanzado sus críticas y tachado de doble moral la de algunos de los países que los firmaron. Dos meses antes, muchos de ellos, entre los que se encontraban los países ricos, bloquearon un mecanismo para evitar el fraude y la evasión fiscal. Son medidas que reman en direcciones contrarias, como también lo son «promover sociedades pacíficas» y vender armas a actores involucrados en guerras. Los países han tumbado o rebajado algunas de las propuestas más innovadoras de la nueva agenda de desarrollo para los próximos 15 años y algunas de sus políticas nacionales son incoherentes con los compromisos que acuerdan a nivel internacional.

Los 17 objetivos no son imposibles, dicen, pero detectar los puntos débiles, señalarlos, e insistir en la necesidad de «una transparencia y coherencia de políticas» se convierte a partir de ahora en sus prioridades. La nueva meta, «los indicadores que se aprobarán en marzo a nivel mundial» para medir si se cumple o no con la hoja de ruta marcada, dice Marco Gordillo, vocal de Incidencia Política de la Coordinadora ONGD. En aquello que se mida, los países harán mayores esfuerzos. Estas son algunas de las medidas en las que las organizaciones de la sociedad civil encuentran más contradicciones por parte de los países firmantes de la Agenda 2030.

Sostenibilidad VS crecimiento económico
El propio texto de la agenda contiene contradicciones entre sus diferentes apartados, dicen desde la sociedad civil. Recoge el apoyo a pequeños productores, campesinos locales y microempresas. Y también «apunta que hay que promover el sector más dinámico en la economía, el sector privado según dicen, y que hay que favorecer a nivel internacional el libre comercio», explica Marco Gordillo. El portavoz de la Coordinadora ONGD indica que la dimensión económica ha quedado por encima de la social y la ambiental en la agenda.

Pablo José Martínez Osés elige como ejemplo «los alimentos que recorren miles de kilómetros para estar en nuestra mesa». «Para competir a nivel global, cada vez tenemos que desregularizar más: hay menos derechos laborales, menos criterios ambientales, etc. Es contradictorio que aparezcan metas de apoyo para que campesinos pobres puedan producir y otras para que los países aumenten sus exportaciones. Es una cosa u otra», critica.

En 2012, en la Conferencia de Río (en la que se comenzaron a negociar los ODS) se puso en duda la relación entre el crecimiento económico medido mediante el Producto Interior Bruto (PIB) y el desarrollo de las sociedades. «Vimos que habíamos aumentado la riqueza mundial, pero a costa de mayores desigualdades y un deterioro ambiental», explica Marco Gordillo. Esa visión más crítica ha caído en la agenda final para 2030.

Martínez Osés destaca una de las contradicciones para luchar a favor del Objetivo 2, para acabar con el hambre en el mundo: «La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) propuso una limitación de la especulación en mercados agrícolas, que hace que suba el precio de los alimentos, y se ha caído de la agenda».

Bloqueo a un enfoque de derechos humanos
La agenda 2030 no ha incluido en sus objetivos un compromiso con los derechos humanos, otra de las grandes faltas para la sociedad civil. «Los ODS no han incluido el enfoque de derechos. Toda persona tiene derecho, por ejemplo, a la sanidad. Por tanto, es una responsabilidad del estado garantizar los derechos», argumenta Martínez Osés.

Sin embargo, sin esta perspectiva, los compromisos se relajan y se demuestra en el lenguaje. «Vemos que se ha sustituido la palabra ‘garantizar’ por la de ‘promover» en lo relativo a muchos derechos, afirma Gordillo. «En la parte del texto de los objetivos, solo aparecen dos: los derechos laborales y reproductivos, nada más».

«Promover» sociedades pacíficas y la venta de armas
«No pueden sermonear sobre la paz cuando se es el mayor fabricante de armas del mundo», dijo en su discurso en la ONU el secretario general de Amnistía Internacional. El Objetivo 16 busca «promover sociedades pacíficas e inclusivas para el desarrollo sostenible», algo que no es coherente con las políticas de venta de armas de muchos países, como destaca la ONG.

Washington ha acordado recientemente con el rey saudí la venta de otros 1.000 millones de dólares en armas. Arabia Saudí participa en bombardeos en Siria, facilita armas a grupos yihadistas y ataca Yemen. La coalición que encabeza en su ofensiva contra Yemen se ha cobrado dos tercios de las víctimas civiles del conflicto, según anunció la ONU este martes.

España controla el 3% de la exportación de armas a nivel mundial, según un ranking del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Sus mejores clientes son Australia (24% de sus exportaciones), Noruega (10%) y Arabia Saudí (10%).

Evitar compromisos vinculantes
Al rechazar un enfoque de derechos humanos en el texto de la nueva estrategia y la relajación del lenguaje de la agenda final, se suma que la estrategia no es vinculante. Los objetivos no son de obligado cumplimiento, ni hay sanciones a los países que no alcancen las metas, porque así lo han decidido los países firmantes.

¿Realmente alcanzaremos los ODS en el 2030?

Tenemos un sistema que es muy eficiente en la producción de bienes de consumo pero que se preocupa menos por los impactos negativos de esa eficiencia en términos medioambientales y sociales (las externalidades negativas). No deja de ser sorprendente que el sistema no prime especialmente a aquellas empresas que se preocupan por los efectos sociales y ambientales modificando su forma de producir o mejorando sus entornos de trabajo y sus impactos. Y, sin embargo, los efectos colaterales de esa eficiencia en términos de deterioro de los ecosistemas, del cambio climático o la afectación a la salud, los acabamos pagando todos.

De vez en cuando, en distintos medios, aparecen artículos que ensalzan los logros alcanzados por la humanidad en el último siglo. Es verdad que hay logros muy importantes (reducción de la pobreza extrema, mejora de los niveles de salud global y educación, y otros muchos). Esto es así y hay que congratularse de ello. Sin embargo, a menudo soslayan la otra cara de la moneda. Hay tres aspectos importantes que este desarrollo ha llevado aparejado: el deterioro medioambiental (derivado de una economía de carácter lineal basada en la extracción de recursos y en la alta generación de desechos); la desigualdad creciente (interpaíses e intrapaís) y el mantenimiento de importantes niveles de pobreza a escala global; y la precariedad de empleo en una economía cada vez más integrada. Esto ya es reconocido hasta por el Foro Económico Mundial, encuentro auspiciado por grandes compañías globales.

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Acerca del autor

Javier Valdivia

Javier Valdivia

Estudiante de Ingeniería en Recursos Naturales Renovables, en la Universidad Autónoma Chapingo. Participante del proyecto EULALinks Sense; en la Universidad de Extremadura (España), durante el período 2015-2016. Asistente de investigación en el Centro del Agua para América Latina y el Caribe, del Tecnológico de Monterrey.
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